HORMONAS DE LA FELICIDAD Y ENTRENAMIENTO

Hormonas de la felicidad y el entrenamiento

Hoy vamos a hablar de cómo nos afectan las hormonas de la felicidad en nuestro día a día y cómo podemos entenderlas para conseguir los mejores resultados de cara al entrenamiento.

¿Qué son las hormonas?

Las hormonas son mensajeros químicos; sustancias que sirven para que las células se comuniquen entre sí. Después de ser liberadas por una glándula, una molécula de la hormona viaja a través de la sangre hasta que encuentra la célula adecuada. Estos intercambios de información se producen gracias al sistema endocrino.

Las hormonas juegan un papel muy importante en el funcionamiento de nuestro cuerpo, regulando el metabolismo, crecimiento, desarrollo sexual, la cantidad de calcio en la sangre y el hueso, uso y almacenamiento de energía, los niveles en la sangre de líquidos, sal y azúcar… También intervienen en el descanso, la ansiedad, el estrés, la saciedad, etc.

Cuando los niveles hormonales se descompensan pueden provocar serios problemas de salud que requerirán de actuación médica. Algunas enfermedades frecuentes son: hipertiroidismo, hipoteriodismo, diabetes, inflamaciones, tensión arterial, colesterol…  

Las hormonas pueden dividirse en cinco tipos diferentes y hay  65 o más clasificadas como importantes. Nos vamos a centrar en cuatro de ellas, llamadas “hormonas de la Felicidad”

¿Cuáles son las hormonas de la felicidad?

Hay cuatro hormonas de la felicidad: Endorfinas, Serotonina, Dopamina y Oxitocina. 

Las Endorfinas: se producen en el hipotálamo y la hipófisis, estimulando las áreas del cerebro que producen placer y disminuyen la sensación de dolor, por lo que nos permiten enfrentarnos con mejor predisposición a esos momentos difíciles. La ausencia o deficiencia de las endorfinas puede conducir a la depresión. 

Cuando hacemos ejercicio liberamos estas hormonas que reducen la percepción de dolor.

La Serotonina genera sensación de bienestar, aumenta la concentración y la autoestima.

La Dopamina es conocida como la hormona de la recompensa. Ayuda a adoptar una actitud proactiva y está vinculada a los estados de relajación. Si estamos relajadas es más fácil prestar atención a lo que hacemos, vivir en consciencia plena y disfrutar del presente.

La Oxitocina refuerza la seguridad y la confianza, estimulando la socialización y la empatía.

¿Es el entrenamiento una buena manera de estimularlas?

Si te sientes cansada, estresada, irascible o triste, debes saber que con rutinas de ejercicio, una alimentación adecuada y adoptando unos hábitos saludables, tu cuerpo y tu mente pueden mejorar.

Una de las mejores formas de liberar endorfinas es practicando ejercicio: correr, trotar, hacer yoga, pilates, o siguiendo nuestro completo plan de entrenamiento MujerFIT®.

Después de practicar deporte, habremos liberado tensión, estaremos en un estado de mayor lucidez, con la mente más receptiva y predispuesta, mejorará nuestro estado de ánimo, reduciremos el estrés y podremos conciliar mejor el sueño.

No hay que esperar a tener un buen estado de ánimo para practicar deporte, porque sabemos que es cuando lo hacemos cuando despertamos a nuestras hormonas. Por eso es importantísima la actitud que adoptemos al principio para poder llegar a instalar los hábitos, a partir de ahí nuestro cuerpo nos pedirá de manera natural la práctica del ejercicio.

Tanto las endorfinas como la serotonina juegan un papel fundamental, son el enganche para adquirir el hábito y regular los niveles emocionales.

La dopamina va a hacer que nos sintamos bien y podamos mantener el programa de entrenamiento en el tiempo, incorporando hábitos saludables y adoptando una nueva forma de vida. También ayudan a disminuir la sensación de dolor y focalizar mejor el placer.

Os dejamos un vídeo de nuestras Psicólogas hablando sobre ello:

¿De qué otras maneras podemos estimular las hormonas de la felicidad?

La meditación, dar paseos, escuchar música, dormir siete u ocho horas diarias, compartir momentos con seres queridos, llevar una buena alimentación y sobre todo hacer ejercicio, es el camino correcto para alcanzar esa ansiada felicidad.

¿Cuánto tardamos en crear un hábito?

El cirujano plástico Maxwell Maltz, dijo en 1960  que un hábito se podía crear en tan solo 21 días. Estudios posteriores como el de  la University College de Londres dedujeron que para incorporar una nueva conducta en nuestra rutina y hacer que se mantenga, harán falta unos 66 días. Esta cifra es el resultado de aplicar medias a los estudios realizados, y habrá factores tanto personales como externos que amplíen o reduzcan este plazo. El mismo estudio también reveló que dejar un día de seguir la conducta no influye en la consecución de objetivos a largo plazo.

Claudia Molpeceres, psicóloga colaboradora de MujerFIT y directora de Centro Crece, resalta la importancia del trabajo personal, la actitud, y no dejarlo todo supeditado al estado de ánimo, ya que este es fluctuante y no todos los días nos encontramos igual. 

En lo que concierne a la práctica de ejercicio, es importante recordar constantemente el motivo por el cual se está haciendo. ¿Por qué vas a entrenar diariamente? ¿Para buscar bienestar personal, para obtener resultados físicos y emocionales, para estar más activa, para llevar una vida saludable…?

La motivación es lo que nos inicia en el hábito, lo que nos conecta y hace que podamos terminar una acción en un momento determinado.

En el caso particular del deporte sería más una pauta de comportamiento, integrarlo en nuestra vida diaria como hábito saludable que no solo va a repercutir en tener un físico mejor, sino en conseguir un refuerzo mental, estimulando esas hormonas de la felicidad de las que hemos hablado que harán que mejore nuestro estado de ánimo y que estemos más predispuestas y seguras para conseguir las metas que nos propongamos.

Tu momento para realizar el cambio

En resumen: si practicas regularmente ejercicio, acabarás mejorando tu alimentación, dormirás mejor y te sentirás bien, conseguirás un cuerpo tonificado y tendrás una fortaleza mental que te ayudará a afrontar cada día con una actitud positiva. 

Merece la pena un esfuerzo inicial y conseguir ese cambio deseado para siempre. 

Empieza ya porque tú puedes. ¡Sí es posible!

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